RÉQUIEM
Prefiero cantar en el funeral de este blog que llenar de estúpidos quejidos esta pantalla en la que tantas veces me he levantado en armas tras el insomnio de un sueño impostor. Finalmente, recitando la repetición de la loca inmersión expresiva, esa que busca la ‘aseveración inaudita’, llega el momento de reconocer que la informulación no se deja atrapar por ninguna regla gramática y el lirismo solo recurre a esa vana esperanza que maldice la acción.
No tengo ningún sentimiento de derrota porque siempre partía de ella y tampoco dejo las victorias en el olvido ó la negación, porque hace ya tiempo que se conjurar esa vulgar dicotomía que aprisiona el mundo moderno para llenar de matices, gradientes y fatuos colores con las que liberar las premoniciones. En su momento hubo un camino alzado con los materiales que me proporcionaba el aire de las divagaciones, en cuyas bifurcaciones tomé por sólida roca y en cuyo final me topé con ese infranqueable muro que tengo por espejo.
Si la sabiduría toma por certezas las profundidades malditas del inconsciente ó las maravillas oradas a la superficie infinita del Edén, prefiero descreer de cualquier mito ó ciencia y llevarme mi bagaje al suelo de la sinrazón, agradeciendo no temer ninguna lengua que proclame con la ira visceral los descensos a la imbécil crueldad inscrita en ese animal llamado Hombre. Tomaré sus ideas para mi burla personal y sus sacramentos para el regodeo de mi imaginación.
Siempre entretuve la desidia con este ejercicio de comunicación y el hastío, incansable cada mañana al pie de mi cama, murió innumerables veces con las lanzas fabricadas con el poderoso diccionario de la persuasión. Maldije mil veces a la soledad con la macabra danza de la poesía desenfrenada y busqué la compañía de la insensatez para no caer en la histérica rutina de la masa. Pagué con moneda falsa al banquero que quiso hipotecar mi tiempo con sus enredos pueriles, cargué barcos enteros de falsos engaños destino a cualquier puerto que no existiera, mantuve guerras descarnadas contra todos los ejercicitos que me sobrepasaran en número y ahora, nuevamente aburrido, me lavo las manos en la pila fangosa de mis destilados delirios para decirte, querido hermano, que este cuento se ha acabado.
No tengo ningún sentimiento de derrota porque siempre partía de ella y tampoco dejo las victorias en el olvido ó la negación, porque hace ya tiempo que se conjurar esa vulgar dicotomía que aprisiona el mundo moderno para llenar de matices, gradientes y fatuos colores con las que liberar las premoniciones. En su momento hubo un camino alzado con los materiales que me proporcionaba el aire de las divagaciones, en cuyas bifurcaciones tomé por sólida roca y en cuyo final me topé con ese infranqueable muro que tengo por espejo.
Si la sabiduría toma por certezas las profundidades malditas del inconsciente ó las maravillas oradas a la superficie infinita del Edén, prefiero descreer de cualquier mito ó ciencia y llevarme mi bagaje al suelo de la sinrazón, agradeciendo no temer ninguna lengua que proclame con la ira visceral los descensos a la imbécil crueldad inscrita en ese animal llamado Hombre. Tomaré sus ideas para mi burla personal y sus sacramentos para el regodeo de mi imaginación.
Siempre entretuve la desidia con este ejercicio de comunicación y el hastío, incansable cada mañana al pie de mi cama, murió innumerables veces con las lanzas fabricadas con el poderoso diccionario de la persuasión. Maldije mil veces a la soledad con la macabra danza de la poesía desenfrenada y busqué la compañía de la insensatez para no caer en la histérica rutina de la masa. Pagué con moneda falsa al banquero que quiso hipotecar mi tiempo con sus enredos pueriles, cargué barcos enteros de falsos engaños destino a cualquier puerto que no existiera, mantuve guerras descarnadas contra todos los ejercicitos que me sobrepasaran en número y ahora, nuevamente aburrido, me lavo las manos en la pila fangosa de mis destilados delirios para decirte, querido hermano, que este cuento se ha acabado.
