La crónica de Azazel

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Nombre: Azazel
Lugar: Murcia, Spain

miércoles, octubre 08, 2008

Manifiesto Estelar

Imagínate un día dónde ya no se hable de crímenes de estado, de macro-atentados indiscriminados, de pandemias mundiales ó de epidemias continentales… Imagínate un futuro donde se alcance la inquietud cosmológica como primordial anhelo espiritual, saldando todas las cobardes salvaciones que lastraron nuestro pasado… Imagínate, desde este ahora hasta aquel, amanecer en otro raro planeta…

Generaciones educadas bajo la Geografía de las estrellas, la Literatura de sistemas planetarios desconocidos, la escasa Aritmética de otras formas de vida y con toda una nueva Historia por escribir...

Remóntate más allá… Escucha a tus descendientes (cuyos extintos abuelos se mataban por una bandera, por una plegaria ó por podrida costumbre) hablar en un milagroso idioma que ya no entiendes pero con el cual ningún humano es tachado de ‘enemigo’, ‘peligroso’, ‘sospechoso’ ó ‘diferente’. Contempla esas imágenes de conjunta colaboración donde el desafío está puesto en ese oscuro, tenebroso océano exterior, donde los mitos están por desvelar e infinitas epopeyas por ser iniciadas…

No los tomes por débiles, ingenuos ó dementes. Allá no llegan tus razones, tan solo tus secretas esperanzas. Son hijos de su tiempo y quizá, en más de un sentido, están creados para sufrimientos y luchas aún insoportables… Aún, para ti, inimaginables...

¿Qué puedes hacer tú por ellos?... Nada, salvo preparar esa plataforma idónea en que se debe convertir la Tierra, desde la cual no pretendan huir ó escapar sino, por biológica necesidad, hacer más extenso su Mundo… Propagar el siguiente lema y crear la raza que lo comprenda: “No hay destino para una Humanidad que no codicie la conquista espacial”...

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jueves, septiembre 11, 2008

El Gran Vertedero del Nuevo Milenio

Publicado en 2005, y a excepción de algunos nombres, en el fondo no ha cambiado nada (ni cambiará...)

“El imperio de la estulticia avanza irremediablemente”. Con esta frase debería resignarme a la fatalista realidad, apagar el televisor y dedicarme a otra actividad. Pero existe una clara disposición de mi espíritu a desafiar las barreras de mi resistencia mental con el objetivo de experimentar nuevas sensaciones, ejerciendo un efecto fortalecedor. Así que, una vez he decidido adentrarme en el tormentoso túnel de imagen y sonido, prosigo con el programa. Entonces acontece una pequeña detonación en lo más profundo de mi conciencia, casi imperceptible. “¿Qué ha sido eso?”, me pregunto. “¿Será la vergüenza ajena?”. “¿Serán esas sonrisas postizas de la presentadora?”. “¿Será ese ridículo llanto del invitado?”. “¿Será el pestilente hedor de toda la temática?”. Y en esos momentos de reflexión surgen nuevas detonaciones. Estallidos que van aumentando progresivamente en cantidad y fuerza, acelerando el ritmo cardiaco, elevando la temperatura del cuerpo, invadiendo las venas con el corrosivo compuesto de la cólera. Y así llega la certeza respondiéndome: “es la náusea, amigo”.

La sigilosa conquista de este virus en las pantallas de televisión ha logrado situarse en horarios de mañana, tarde y noche, obteniendo los inimaginables resultados de hacer conocida a una pandilla de parásitos semifamosos cuyos méritos radican en haber sido hijo de algún actor borracho y putero de los 80, o haber sido el amante cubano de una momia egipcia, o haber sido la ramera de algún jugador de fútbol o haber sido… (progresión que tiende al infinito). Sin olvidar a esa nueva especie, gente llana dotada de grandes cualidades, interesada en buscar su minuto de gloria. Aunque sea con el propósito de contarles a sus nietos: “yo salí en ese pograma contando lo cornudo que soy mientras la puta de tu abuela, embarazada de mi colega el panadero, lloraba desconsoladamente por mi afición al alcohol, las drogas y las webs porno homosexuales”. Dramas sin nada que envidiar a las tragedias de Shakespeare.

A veces pienso que el éxito de estos formatos radica en el morbo. En otras ocasiones, la causa la achaco a la ignorancia del vulgo. Pero sin despreciar ninguna de las anteriores, he dilucidado que la principal se debe a la ausencia de pudor de los protagonistas, ya sean conocidos o desconocidos. Parece un hecho digno de estudio como la desnudez de las cloacas del alma genera una desorbitada expectación. ¿Será el carácter insignificante de sus propias vidas lo que motiva la atracción de sus miradas hacia el grotesco espectáculo?. Posiblemente. En cualquier caso me parece más fácil resolver la cuadratura del círculo que semejante enigma.

De todas formas existen unos claros responsables. Son las cabezas visibles de toda la parafernalia y representan sin el menor remordimiento las hordas de este maléfico grupo. Los Mercaderes de la Inhumanidad. Directores y presentadores del estercolero catódico. Sus nombres varían: Ana Rosa Quintana (escritora próxima al premio Nobel de Literatura), María Teresa Campos (cuyo apellido describe su rural elocuencia), Santi Acosta (maniquí y marioneta), Jaime Cantizano (solo llega a maniquí), Patricia Gaztañaga (reprimiendo constantemente la risa provocada por la patética situación de sus invitados), Javier Sardá (retirado recientemente por prescripción médica, tras una prolongada indigestión de caca)…

Cribando entre todos los nombrados escogeré uno para explicar un fenómeno sorprendente que he bautizado con el título de ‘confitura del Todo’. Trata de englobar en un mismo espacio audiovisual sucesos de actualidad y corazón. De la última boda del torero que acepta narcotizar a sus astados pasamos al infierno del Katrina, sin ningún reparo o pausa alguna. Toda una fórmula prodigiosa llevada a cabo por la reina Ana Rosa y sus astutos consejeros. ¿Qué se puede añadir a este ingenioso evento? Es la quimera convertida en sólida realidad. ¿Algún alquimista televisivo puede imaginar mejor conjuro? Particularmente no concibo un logro comparativo a tal hazaña en la historia de la Humanidad.

¿Comprendéis ahora mi sentimiento de repugnancia? ¿La ira resultante de este circo atroz, de este alcantarillado donde se concentra la más abominable descomposición? ¿No? Será que habito entre puercos que degustan el estiércol como si fuera el mejor manjar depositado en la Tierra…

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miércoles, septiembre 10, 2008

Un Dicho

Abunda la gente
que intenta ganar a las espaldas
lo que nunca podrán ganar de frente...

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martes, septiembre 02, 2008

CANÍCULA... (11)

11.
Rajemos de la fauna y flora de la redacción. Como ya contó Marcos, soy un enchufado pero sujeto al mando del redactor jefe. Se llama Juan Pérez, en el umbral de los 50 tacos y jamás nadie lo ha visto reírse; cuenta la leyenda que una vez una limpiadora presenció una sonora carcajada suya, al sorprenderlo una noche, en su despacho, con una viñeta de Forges. A la mañana siguiente dejó el trabajo y jamás fue vista nuevamente.

Luego está Miriam, una preciosa malagueña rubia en la cúspide de su esplendor sensual, encargada de la sección de cultura y espectáculos. En esas mañanas en que me disponía a saltar por la ventana, ella me rescataba con su sonrisa y esas divinas montañas gemelas que le asoman por el escote.

Sigo con Paco Navarro, jefe del formato deportivo. Es un mito en la redacción por ser un antiguo mercenario del Marca al poco de licenciarse y ser tan depravado de liarse con la mujer del director en su primera semana. Después de pasarlas más putas que el Lute, lo ficharon al nacer nuestro periódico por una miseria que ya querría yo. Algunas veces me cuelo con él en algún partido fuera y después nos pegamos la madre de todas las cogorzas.

También tenemos a Berto, con Rosa Minués y Tomás Espengel en la sección de política y ciudadanos. Berto tiene las gafas más gruesas existentes en el mercado y cuando se las quita los ojos se convierten en dos huevas de caviar. Rosa intenta simular su vejez (ronda los cincuenta) con mucha pintura y escayola. Tomás es un inmigrante polaco que llegó adolescente cuando Felipe González se presentó como candidato del PSOE. Casi siempre la sección se define finalmente cuando J. Pérez hace acto de presencia, zanjando las continuas disputas iniciadas por estos tres elementos.

Otros como el becario Torto (es el apodo, nadie sabe como se llama y, lo más grave, nadie se lo pregunta por falta de curiosidad), Silvia la telefonista (que está como un queso pero es sobrina del redactor jefe), el fotógrafo Jose María (este es parte de 'la flora' porque es más María que José), Pedro Martín, el informático y pirata en sus ratos libres, ó el ilustre profesor Rodriguez (que cierra el diario con su famosa columna) completan, con algunos más que ahora no recuerdo (ni quiero recordar), la amplia factoría de sandeces ‘papel-cebolla’ que es esta publicación.

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domingo, agosto 17, 2008

CANÍCULA... (10)

10.
Te parecerá mentira, pero trabajo. O mejor dicho, tengo un trabajo. Y como a cualquier esclavo remunerado con un sueldo que permita su supervivencia, el lunes es ese día que siempre me recuerda las bondades del suicidio. Mi labor se desarrolla en uno de esos periódicos gratuitos que a modo de panfleto político ó mercantil intentan pasar por diario de información imparcial. La única ventaja apreciable es el abundante flujo de aire acondicionado.

- ¿Sabías que en 1965 un estudiante de secundaria estadounidense se sometió a una privación del sueño prolongada para confirmar el tiempo límite soportable en ese estado?
El profesor Rodríguez siempre tenía alguna anécdota relacionada con mi situación. A sus 70 años era una enciclopedia andante. Un barrigón y cegato alegre con el que me encanta charlar cuando no estoy al borde del colapso general.

- Duró 11 días antes de que los médicos suspendieran el experimento. Oficialmente se restituyó sin sufrir problemas fisiológicos o neurológicos permanentes. Otros hablan de que el sujeto mencionado, un tal Randy Gardner, nunca recuperó el juicio. Lo único cierto es que nadie ha podido localizarlo y comprobar la veracidad de ambas versiones.

Catedrático emérito de Filosofía y Letras. Incansable fumador de habanos. Fiel incondicional del whisky de Malta. Narrador constante de batallitas en blanco y negro… Todo un abuelete socarrón.

- ¿Conoces algún experimento que proponga lo contrario? Me ofrecería encantado sin recompensa alguna- le respondí, medio tumbado en mi escritorio, sin mover ni una pestaña.

- No… Pero podemos hacerlo ahora. Yo tomo tu tiempo. Suponiendo que Randy Gardner, en su privación, alcanzó la locura, tú, en un proceso inverso, llegues a la máxima lucidez…

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miércoles, agosto 06, 2008

Negra Herencia

No hay peor destino que el asumido,
por gregaria e insultante comodidad,
en común veneno intestino
cedido en negra herencia y mamado por toda posteridad...

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miércoles, julio 23, 2008

CANÍCULA... (9)

9.
Es extraño, pero en días como aquel en los cuales el cerebro se me secaba por la acción del abundante etanol ingerido, lograba recordar cosas que hacía mucho tiempo no asomaban por mi conciencia. Siempre atribuí esta rareza como un último grito de esas neuronas que, angustiadas en su fin, querían volcar sus nimios contenidos en una lucha desesperada por ser rescatados.

En aquella ocasión fue una escena infantil en el colegio. Entretenido con un dibujo en mi cuaderno, la profesora apareció repentinamente por atrás y me preguntó:
- ¿Qué es eso que dibujas, Julián?
Fue como si me despertara de un sueño, porque ni tan siquiera estaba prestando atención a lo garabateado en mi block. Cuando lo miré detenidamente había dibujado una especie de vértice tridimensional hacía el que se dirigía una nave espacial. No sé a cuento de qué se me ocurrió aquello. Era un desvarío total que precisaba una urgente justificación, imprevista incluso para mi:
- Un viaje… Un viaje que haré cuando sea mayor y sepa lo suficiente para descubrir el Secreto… el Gran Secreto.
La profesora no pudo más que reír levemente, tras lo cual me mandó cerrar el cuaderno agitándome suavemente la cabeza.

Hacía mucho que no se pasaba aquello por mi mente. Pero tras recordarlo volví a experimentar una sensación de desasosiego como si tuviera más significado que ser la vulgar escena de un niño ensimismado. Quizá fuera porque también en aquellos momentos, más que viajar, lo que quería era escapar… huir. Deseaba hundirme desnudo en la nieve antártica y morir congelado, acallando ese terrible dolor que oprimía mi frente. Pero los deseos, como bien es sabido, siempre surgen como algo que nunca pueda ser cumplido.

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