12.Alex me visitó cuando, terminado mi publi-reportaje sobre las
supuestas nocivas consecuencias del abuso del tabaco (para ser exactos, diríamos que a los responsables gubernamentales no les pesan los muertos, sino los costes acarreados por los moribundos...), me disponía a ingerir los primeros alimentos sólidos tras el fin de semana.
- Oye, ¿qué hace el baboso este aquí?- me espetó nada mas verme.
- Pregúntale a Hector… Según él era cuestión de 48 horas.
Esa misma interrogante fue el detonante de una discusión salivo-verbal entre la comandante chusquera Raquel y el pusilánime grisáceo de Héctor, cuando trataba de hacerme un sándwich que se libró de los indiscriminados esputos por una habilidad ya muy entrenada.
- Parece ser que Roberto ha puesto un nuevo plazo de ‘escasamente‘ una semana…
- ¿Y cómo mierda le ha dejado entrar? ¿No hubiera sido mejor que se mantuviera en el agujero donde se cobijaba?.…
Esa misma ocurrencia tuve yo cuando hablé con Héctor la mañana que me lo encontré improvisadamente bebiéndose mi última coca-cola, tan necesaria en esos estados carenciales de glucosa.
- Su padre lo ha echado harto de que trabaje tanto, gane tanto dinero y le tenga tanto asco a las salidas, a las drogas y a las putas de carretera secundaria.
-Menuda alimaña… Como no lo larguéis pronto os va a salir más caro que un hijo tonto… Y cambiando de tema: ¿cómo puedes vivir aún con la parejita
Monster…?
Esa misma paradoja rondaba mi cabeza antes de que entrara Alex a recapitular todos los penosos conflictos generados bajo ese techo, que pasó de ser el inicio de una liberadora emancipación entre colegas a una horrible prisión de la KGB ocupada , misteriosamente, por carceleros expertos en técnicas de ‘tortura china‘…
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