Yo contra Todos.
Nietzsche luchó contra la espesa compostura y necias costumbres del mundo entero con una lucidez humanamente insoportable. Sócrates luchó contra la mentalidad hipócrita de un pueblo y murió por ello… La muerte o la locura, o ambas cosas, son el final de todo aquel que osa oponerse a las creencias más arraigadas de la gente.
En esta guerra siempre hay una víctima que será exhibida por el vulgo como un trofeo colocado como advertencia ante la posteridad. “No busques la diferencia ni jamás la divulgues como enseñanza”, declara el instinto gregario de todos los mortales.
Ante eso no cabe duda de que cualquier persona que escoja luchar contra Todos tiene una guerra perdida de antemano, pero en innumerables ocasiones uno nace para plantar cara a la masa, escuchando tan solo aquello que proclama lo más sagrado de su alma…
En mi caso, mi guerra no es distinta a las de otros anteriores a mí y sin ser víctima del miedo que entraña el final de la disputa, acarreo con las consecuencias que conlleva. El escenario de esta batalla es mucho más reducido que el de Nietzsche, Cioran o Sócrates, pero como la mayoría de los necios están cortados con el mismo patrón, el método es el mismo: hacer sangrar los oídos con las sentencias más hirientes, y llenas de esa verdad que jamás comprenderán.
Últimamente, llevado por un impulso que no comprendo en toda su dimensión, he aceptado este reto por el que pago todos los días una importante cuota personal. Quizá llevado por la suspensión de esa medicación que nutría de serotonina mi castigado cerebro, haciéndome actuar con un grado de gilipollez de inmensidad incalculable, he reemprendido la lucha que dejé hace unos años. Volveré a ella (Cipralex) cuando la presión sea insoportable, sedando mi espíritu con esas drogas legales con que nos alimenta la sociedad, reintegrándome en la sociedad como un borrego obediente. Pero antes de eso, comentar unas cosillas…
1> Si habláis con los demás preocupándose de la opinión que tengan al respecto, vuestra aparente sinceridad es tan frágil como el humo de este cigarro.
2> Si actuáis según lo establecido por esas normas que todo el mundo carga sobre sus hombros, sois meras marionetas a merced de algo absurdo.
3> Si os acostáis por las noches con la incertidumbre de no haberos atrevido a emprender algo, no echéis la culpa sobre nada ni nadie: vuestra cobardía os sobrepasó.
4> Si vuestra curiosidad es más débil que vuestra voluntad, no os atormentéis con ello: eres un borrego más.
5> Si no estimáis vuestra forma inamovible de pensar tener en cuenta que existen unos 5.999.999.999 que procuran pensar de forma similar. Es decir, no estáis solos.
6>Si vuestra única aspiración es pavonearse, fingir, emular, mentir, pisoteando a todo aquel que pase por delante, enhorabuena. Habéis comprendido la auténtica filosofía de esta podrida sociedad moderna. Entráis dentro de la selección más numerosa: Todos… Pronto os veré en sus filas y probaréis mi sangre… Je, je, je, je…
En esta guerra siempre hay una víctima que será exhibida por el vulgo como un trofeo colocado como advertencia ante la posteridad. “No busques la diferencia ni jamás la divulgues como enseñanza”, declara el instinto gregario de todos los mortales.
Ante eso no cabe duda de que cualquier persona que escoja luchar contra Todos tiene una guerra perdida de antemano, pero en innumerables ocasiones uno nace para plantar cara a la masa, escuchando tan solo aquello que proclama lo más sagrado de su alma…
En mi caso, mi guerra no es distinta a las de otros anteriores a mí y sin ser víctima del miedo que entraña el final de la disputa, acarreo con las consecuencias que conlleva. El escenario de esta batalla es mucho más reducido que el de Nietzsche, Cioran o Sócrates, pero como la mayoría de los necios están cortados con el mismo patrón, el método es el mismo: hacer sangrar los oídos con las sentencias más hirientes, y llenas de esa verdad que jamás comprenderán.
Últimamente, llevado por un impulso que no comprendo en toda su dimensión, he aceptado este reto por el que pago todos los días una importante cuota personal. Quizá llevado por la suspensión de esa medicación que nutría de serotonina mi castigado cerebro, haciéndome actuar con un grado de gilipollez de inmensidad incalculable, he reemprendido la lucha que dejé hace unos años. Volveré a ella (Cipralex) cuando la presión sea insoportable, sedando mi espíritu con esas drogas legales con que nos alimenta la sociedad, reintegrándome en la sociedad como un borrego obediente. Pero antes de eso, comentar unas cosillas…
1> Si habláis con los demás preocupándose de la opinión que tengan al respecto, vuestra aparente sinceridad es tan frágil como el humo de este cigarro.
2> Si actuáis según lo establecido por esas normas que todo el mundo carga sobre sus hombros, sois meras marionetas a merced de algo absurdo.
3> Si os acostáis por las noches con la incertidumbre de no haberos atrevido a emprender algo, no echéis la culpa sobre nada ni nadie: vuestra cobardía os sobrepasó.
4> Si vuestra curiosidad es más débil que vuestra voluntad, no os atormentéis con ello: eres un borrego más.
5> Si no estimáis vuestra forma inamovible de pensar tener en cuenta que existen unos 5.999.999.999 que procuran pensar de forma similar. Es decir, no estáis solos.
6>Si vuestra única aspiración es pavonearse, fingir, emular, mentir, pisoteando a todo aquel que pase por delante, enhorabuena. Habéis comprendido la auténtica filosofía de esta podrida sociedad moderna. Entráis dentro de la selección más numerosa: Todos… Pronto os veré en sus filas y probaréis mi sangre… Je, je, je, je…
