La encrucijada de Iago.
Se repetía a sí mismo sin cesar: “Nunca dejaré que mis manipulaciones sean descubiertas”. Hasta donde recuerda su conciencia mantenía una mentira con la astucia necesaria para nunca ser revelada. Era un genio de la simulación y el engaño.
Iago mantenía la mirada fija en su interlocutor, sin mostrar un solo matiz que indicara que sus verdades eran podridas mentiras. Su excelente memoria le permitía recordar todas sus tretas sin equivocarse nunca en un nombre, una situación o una fecha…
Mentía sin cesar a sus amigos, a su novia, a su familia, a su amante. Su vida irreal se multiplicaba por cada conocido, y aunque coincidiesen sus victimas, sus historias estaban tan bien trenzadas que jamás levantaban sospecha…
Un día la verdad y la mentira le condenaron. Todo empezó la mañana que vino su hermano después del fin de curso universitario. Su hermano, al contrario de él, era un persona honesta que se prohibía a si mismo cualquier tipo de mendacidad en el trato con los demás…
Iago andaba con tratos sucios con un traficante de los gordos, conocido por ‘Pilatos’, porque todos sus deudores eran castigados con un terrible suplicio hasta la muerte. El último porte adquirido por Iago no había sido pagado. Pero tenía el dinero. Una cantidad suficiente como para que Pilatos lo incluyera en su larga lista de crucificados…
Para todos sus amigos y familiares, Iago se ganaba la vida en una empresa de Internet que el mismo se había montado. Pero aunque existía realmente (moloco.es) los beneficios tan solo eran calderilla…
Pasando el último gramo de su trato con Pilatos, Raskol, su cliente más asiduo, empezó a poner esa cara que tantas veces había visto Iago…
- ¿Qué sucede, Raskol?...
- Lo siento, tío… Pero esto no te va a gustar…
Acto seguido el fuerte golpe apagó la mente de Iago.
Despertó una hora después, seriamente aturdido. Apenas reconocía su propio piso. Eran las seis y media. A las 7 había quedado allí mismo con Pilatos para pagarle. Y el dinero había desaparecido.
Rápidamente, cogió las llaves de su coche y se marchó.
Se fue a la cafetería del aeropuerto, y con un café meditó durante un par de horas si despegaba en cualquier vuelo lo bastante lejano como para no ser encontrado jamás. Cuando se levantó, le llegó un mensaje. Era de su hermano:
Stoy n tu piso. Mamá m dejó tus llaves. x ke le has prohibido venir?. Te espero.
Hora: 18:48
Pensó que debía ser un error. Pensó que lo más probable fuera que el mensaje llevara una hora equivocada. Que no pasaba nada. Que en realidad Pilatos se había ido hace ya tiempo y su hermano acababa de llegar a su piso. Pilatos, el que no sabía que tenía un hermano. Un hermano gemelo. Aunque la lágrima que recorría su mejilla le decía que aquella no era una de sus tantas mentiras bien encubiertas. Esta vez, todas sus mentiras le condenaban eternamente….
Iago mantenía la mirada fija en su interlocutor, sin mostrar un solo matiz que indicara que sus verdades eran podridas mentiras. Su excelente memoria le permitía recordar todas sus tretas sin equivocarse nunca en un nombre, una situación o una fecha…
Mentía sin cesar a sus amigos, a su novia, a su familia, a su amante. Su vida irreal se multiplicaba por cada conocido, y aunque coincidiesen sus victimas, sus historias estaban tan bien trenzadas que jamás levantaban sospecha…
Un día la verdad y la mentira le condenaron. Todo empezó la mañana que vino su hermano después del fin de curso universitario. Su hermano, al contrario de él, era un persona honesta que se prohibía a si mismo cualquier tipo de mendacidad en el trato con los demás…
Iago andaba con tratos sucios con un traficante de los gordos, conocido por ‘Pilatos’, porque todos sus deudores eran castigados con un terrible suplicio hasta la muerte. El último porte adquirido por Iago no había sido pagado. Pero tenía el dinero. Una cantidad suficiente como para que Pilatos lo incluyera en su larga lista de crucificados…
Para todos sus amigos y familiares, Iago se ganaba la vida en una empresa de Internet que el mismo se había montado. Pero aunque existía realmente (moloco.es) los beneficios tan solo eran calderilla…
Pasando el último gramo de su trato con Pilatos, Raskol, su cliente más asiduo, empezó a poner esa cara que tantas veces había visto Iago…
- ¿Qué sucede, Raskol?...
- Lo siento, tío… Pero esto no te va a gustar…
Acto seguido el fuerte golpe apagó la mente de Iago.
Despertó una hora después, seriamente aturdido. Apenas reconocía su propio piso. Eran las seis y media. A las 7 había quedado allí mismo con Pilatos para pagarle. Y el dinero había desaparecido.
Rápidamente, cogió las llaves de su coche y se marchó.
Se fue a la cafetería del aeropuerto, y con un café meditó durante un par de horas si despegaba en cualquier vuelo lo bastante lejano como para no ser encontrado jamás. Cuando se levantó, le llegó un mensaje. Era de su hermano:
Stoy n tu piso. Mamá m dejó tus llaves. x ke le has prohibido venir?. Te espero.
Hora: 18:48
Pensó que debía ser un error. Pensó que lo más probable fuera que el mensaje llevara una hora equivocada. Que no pasaba nada. Que en realidad Pilatos se había ido hace ya tiempo y su hermano acababa de llegar a su piso. Pilatos, el que no sabía que tenía un hermano. Un hermano gemelo. Aunque la lágrima que recorría su mejilla le decía que aquella no era una de sus tantas mentiras bien encubiertas. Esta vez, todas sus mentiras le condenaban eternamente….
