La crónica de Azazel

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Nombre: Azazel
Lugar: Murcia, Spain

viernes, diciembre 23, 2005

El Dios de la Decepción.

“…‘Nada’ es la palabra clave. Todo aquello cuanto sentimos es una pretensión de la Nada por dar solidez a la inexistencia. Energía, una ironía del vacío que rodea el Universo. El alma, una arrogancia por escapar de la animalidad mecánica de tu cuerpo. El Sol, un cegador muro que oculta la verdad a los ojos de nuestra infantil vanidad…”.
Herido, fatigado, moribundo y enfermo camina el dios de la Decepción por los parajes de este castigado planeta. Cuando hable así a tu conciencia más vale que a sus primeras palabras respondas atravesándote los oídos con la daga de la ignorancia, porque si acabas seducido a su tétrico canto estarás perdido para siempre.

jueves, diciembre 15, 2005

El niño.

Diálogos imposibles de repetir en palabras coherentes; bullicio, humo, risas atronadoras y abundante alcohol… Se encontraba atrapado en una dimensión a la que no daban crédito sus sentidos. De pronto una irreprimible náusea le erizó el cabello. “No vomites, no vomites ahora”, se decía mentalmente. La hiel se retorcía en su estómago como si fuera una serpiente apunto de salir por su garganta. El sudor le cubría la cara. “Tu angustia no se debe a la bebida… Es la angustia del ser”, afirmaba mientras arañaba la mesa con una mano que apenas sentía. Le ardían las entrañas, le lloraban los ojos, le faltaba la respiración….Se mordía los labios, intentando que el dolor lo apaciguara. Buscaba, con su mirada, una recreación que le alejara el pensamiento de las convulsiones de sus vísceras. Frente a él apareció, de la nada, un niño harapiento. Alargó su mano ennegrecida pidiendo una limosna. “¿Cómo has entrado aquí, pequeño?”, preguntó. El niño permaneció callado, como si no lo entendiera, haciendo un nuevo gesto para que depositara algo sobre sus dedos. Lentamente las nauseas desaparecieron. Sin meditarlo más, saca una moneda y se la entrega al niño. Este sonríe, como si en su mano estuvieran todos los tesoros de la Tierra. Se da la vuelta y caminando despacio, sin perder la sonrisa, se dirige a la salida y desaparece nuevamente.
Un amigo que se ha percatado de toda la situación, le pregunta: “¿Por qué le has dado dinero a ese enano andrajoso?”. “No te dejes engañar por su aspecto… Es un curandero de almas perdidas… Alguna veces la Esperanza se viste de formas extrañas para pasar desapercibida y que su magia surta el efecto oportuno… Y eso debe ser recompensado para que el ciclo tenga lugar nuevamente...”.

sábado, diciembre 03, 2005

Por qué escribo.

Hace poco alguien me preguntó cual era la razón de que escribiera. Esencialmente lo desconozco; es un impulso irracional. Unicamente se me ocurre contestar con otra pregunta: “¿Por qué no?”.
Cuando el resto de alternativas para comunicar pensamientos en determinados contextos no tienen cabida… ¿Por qué no hacerlo de este modo, sin ser interrumpido, pacientemente meditado y sin la premura del momento?. ¿Por qué no hacerlo cuando tu espectador espera cualquier tipo de argumento que le saque de la monotonía diaria y de este circo de disparates en que se ha convertido el mundo? ¿Por qué no escribir eso que te atormenta sin sentir la vergüenza de estar desnudo delante de un coro de salvajes sarcasmos? ¿Por qué no derribar un nuevo prejuicio con el frágil eco de estas palabras que resuenan ahora mismo en tu cabeza, como si fueran tu propia voz? ¿Por qué no alimentar tu débil esperanza con castillos de papel y fábulas de fugaz encantamiento? ¿Por qué no evadirse de la tétrica existencia con explicaciones poco convencionales y cuentos surrealistas?… ¿Por qué no?
Posiblemente no cambie nada para los demás pero sin duda con este costoso entrenamiento para la comunicación cambio algo para mí mismo...