
Como réplica a la afirmación de Paulo Coelho, expongo un análisis más profundo y acertado de lo que el denominada la voz de Dios. Supongo que la explicación propuesta por mi parte no podrá vencer el prejuicio de la creencia en un ser superior, si esta se encuentra muy arraigada en una persona. Al menos sirva para conocer otro punto de vista…
El autor denomina voz de Dios a esas afirmaciones surgidas de lo más profundo del ser, cuya autoridad prevalece sobre otros pensamientos o
dudas. Es decir, la
certeza llega por mandato divino. Digamos que el exceso de confianza puesto en esa idea, nos motiva a creer en una intervención superior, procedente de otro nivel, exterior a nosotros mismos (quizá vía satélite o algo parecido).
Si semejante disparate no nos lleva a un estado atónito, no comprendo otro argumento más esotérico que lo logre. ¿Yo soy un
medium de Dios?. ¿El proyecta en mi sus propias conjeturas?… No. Más bien yo me abrazo a ese concepto por
tradición, por un culto de varios milenios de duración, por consenso colectivo, por no sustituir la palabra ‘Dios’ por el mas coherente ‘Yo’…
El individuo como ser consciente y autónomo no puede supeditar sus pensamientos superiores a otro ser, salvo a sí mismo. Todo cuanto circula por su engranaje neuronal es producto de nuestra naturaleza y la educación recibida; nada más… Si dotamos a esta suposición de un origen divino, tergiversamos el auténtico proceso interior que tiene lugar en los sótanos de la conciencia. Resulta demasiado estúpido imaginar el ser humano como una marioneta mecánica desprovista de sensatez.
Si necesitamos hacer una observación de por qué distinguimos una decisión del resto surgidas aleatoriamente tendremos, simplemente, que otorgar a estas una importancia resolutiva con respecto a los estímulos interiores (sentimientos) por encima de cualquier otra. Visto de otro modo; nos decantamos por una concepción debido al alivio que procura a la tensión surgida al respecto. Objetivamente puede ser entendida como más o menos acertada, pero sin duda, subjetivamente es la más provechosa para el individuo al cual afecta e influye.
En conclusión, no podremos enmarcar una voz como procedente de Dios sin caer en la superstición y en el peso de la costumbre. Al que le suene nuevo esto, deberá comenzar a darle la verdadera identidad, poniendo su rostro en vez del de un abstracto y erróneo subterfugio, por mucho vértigo que suponga tal ejercicio para algunos…