La crónica de Azazel

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Nombre: Azazel
Lugar: Murcia, Spain

domingo, noviembre 20, 2005

Caminando por el eterno error.

Posiblemente, y aunque esto también sea una falsa apreciación, es una ambigua verdad que el juicio del hombre en la selva diaria en que se compone la realidad es tan solo una deforme criatura, ridícula y caduca, que no tiene ninguna semejanza con el fenómeno concreto y propuesto como modelo a retratar. Quizá sean necesarios tantos sentidos como puntos de vista puedan situarse en el espacio y tantas mentes como estrellas contiene el universo.

jueves, noviembre 10, 2005

El Heraldo de la Luz...

Introdúcete en el océano intransitable de un alma emponzoñada por viejas enseñanzas, buscando describir la travesía con la imperfecta, débil y taciturna herramienta de la palabra de un desorientado Heraldo abandonado a su suerte, sin más compañía que sus propios demonios…
“Recuerdo cuando me introduje en la gruta que lleva a este insondable mar… Al principio solo encontré espectros extraños a la luz de mi antorcha… “¿Qué buscas tu en la profundidad de tu propio ser?”… “La verdad”, contesté… “¡Ay, pobre ingenuo!… Aún crees en el brillante eco de una palabra vacía”, respondió el demonio de la Duda…
Luego llegué hasta una caverna donde comenzaba este océano atormentado por la impiedad de la oscuridad. En la orilla hallé una barca custodiada por otro demonio. “¿Estás seguro de querer tomar esta barca?… Quizá nunca más puedas regresar una vez iniciado el viaje al ser cerrados para siempre tus sentidos con el lunático silencio que domina estas aguas”… “La verdad me guiará entonces”, respondí. Era el demonio de la Locura.
Comencé a remar hacia la isla que se avistaba desde la orilla. Cada vez parecía estar más lejos a medida que remaba y mis brazos cansados me pedían desistir. Así llegó hasta mí otro demonio. “¿Por qué persistes en lo que es imposible para ti, desdichado navegante?”, preguntó. “Siempre supe que la verdad sería costosa, pero nunca imposible”, respondí con mi último aliento al demonio de la Desesperanza…
Cuando los brazos ardían de dolor, alcancé la isla… Allí sentado en una hoguera se hallaba el último demonio. Me senté a su lado, intentando recuperar las fuerzas y poder hablar. Pero antes de dirigirme a él, me dijo: “Escucha, fatigado Heraldo… Has alcanzado esta isla pero nunca alcanzarás tu objetivo… El camino a la Verdad resulta demasiado largo como para encontrarla en tu breve vida…” Sin poder reprimir una lágrima, le contesté al demonio de la Muerte: “Muy bien entiendo lo que me dices, pero te voy a pedir un último favor… Indícame ese camino, porque prefiero terminar mis días recorriéndolo, que perder el tiempo sentado mirando tu inevitable rostro…”

viernes, noviembre 04, 2005

La Prodigiosa Voz de Dios.

Como réplica a la afirmación de Paulo Coelho, expongo un análisis más profundo y acertado de lo que el denominada la voz de Dios. Supongo que la explicación propuesta por mi parte no podrá vencer el prejuicio de la creencia en un ser superior, si esta se encuentra muy arraigada en una persona. Al menos sirva para conocer otro punto de vista…
El autor denomina voz de Dios a esas afirmaciones surgidas de lo más profundo del ser, cuya autoridad prevalece sobre otros pensamientos o dudas. Es decir, la certeza llega por mandato divino. Digamos que el exceso de confianza puesto en esa idea, nos motiva a creer en una intervención superior, procedente de otro nivel, exterior a nosotros mismos (quizá vía satélite o algo parecido).
Si semejante disparate no nos lleva a un estado atónito, no comprendo otro argumento más esotérico que lo logre. ¿Yo soy un medium de Dios?. ¿El proyecta en mi sus propias conjeturas?… No. Más bien yo me abrazo a ese concepto por tradición, por un culto de varios milenios de duración, por consenso colectivo, por no sustituir la palabra ‘Dios’ por el mas coherente ‘Yo’…
El individuo como ser consciente y autónomo no puede supeditar sus pensamientos superiores a otro ser, salvo a sí mismo. Todo cuanto circula por su engranaje neuronal es producto de nuestra naturaleza y la educación recibida; nada más… Si dotamos a esta suposición de un origen divino, tergiversamos el auténtico proceso interior que tiene lugar en los sótanos de la conciencia. Resulta demasiado estúpido imaginar el ser humano como una marioneta mecánica desprovista de sensatez.
Si necesitamos hacer una observación de por qué distinguimos una decisión del resto surgidas aleatoriamente tendremos, simplemente, que otorgar a estas una importancia resolutiva con respecto a los estímulos interiores (sentimientos) por encima de cualquier otra. Visto de otro modo; nos decantamos por una concepción debido al alivio que procura a la tensión surgida al respecto. Objetivamente puede ser entendida como más o menos acertada, pero sin duda, subjetivamente es la más provechosa para el individuo al cual afecta e influye.
En conclusión, no podremos enmarcar una voz como procedente de Dios sin caer en la superstición y en el peso de la costumbre. Al que le suene nuevo esto, deberá comenzar a darle la verdadera identidad, poniendo su rostro en vez del de un abstracto y erróneo subterfugio, por mucho vértigo que suponga tal ejercicio para algunos…